28.10.10

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Entonces recordaba que había tenido que cruzar por casamientos como por muertes; primero fueron las hermanas, después las amigas, que dejaban las casas vacías al irse. No había creído nunca que llevaría otro traje de novia, a no ser el que le hacía el tul del mosquitero, tan lindo al levantarse por las mañanas, sobre su cabeza, en el espejo.


Nocturno, Silvina Ocampo

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