Cristián guardaba todo, hasta algunos de los cuadernos de su infancia, y sin embargo vivía en una perpetua angustia de haber perdido todo. Detrás de ese regimiento indisciplinado de cosas había toda una vida frondosa que se extendía en profundidades insondables; guardaba todo, hasta las peleas abortadas del día anterior; pero eran lo único que volvía a encontrar; no se le perdían nunca: las peleas.
Los pies desnudos, Silvina Ocampo
No hay comentarios:
Publicar un comentario