30.10.10

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Cristián guardaba todo, hasta algunos de los cuadernos de su infancia, y sin embargo vivía en una perpetua angustia de haber perdido todo. Detrás de ese regimiento indisciplinado de cosas había toda una vida frondosa que se extendía en profundidades insondables; guardaba todo, hasta las peleas abortadas del día anterior; pero eran lo único que volvía a encontrar; no se le perdían nunca: las peleas.


Los pies desnudos, Silvina Ocampo

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