Cuando cumplí tres años, viajé 2000 km hacia al sur a la casa de mi abuela materna para conocer a la familia de mi padre. Lloraba todos los días a las seis de la tarde en punto. Un día, paseando con un tío, vi la casa de mi abuela. Corrí y me abracé al portón. Siento una inmensa ternura por esa niña: todavía la veo correr, segura de que vuelve a casa, a abrazar siempre el portón equivocado.
Go back, Elza de Sá Nogueira
No hay comentarios:
Publicar un comentario